Pentland Hills y la pista de esquí artificial más larga de Europa

Con motivo de uno de mis trabajos del máster (un plan de gestión de un parque natural) tuve que visitar este precioso lugar situado a tan sólo media hora de Edimburgo. Es curioso que la vez anterior que viví en Edimburgo nunca escuché sobre este lugar (ni otros que estoy descubriendo ahora).  Un día nublado de diciembre (por suerte no muy frío) me fui con dos compañeras de clase para allá. No habíamos leído mucho sobre el parque antes de ir y nos fuimos un poco a la aventura, esperando conseguir algún mapa en el centro de visitantes para hacer alguna ruta (además de  información para nuestro trabajo).

The Pentland Hills son una cadena de colinas en el suroeste de Edimburgo, a tan solo media hora de la ciudad, con picos en torno a los 500 m. Este lugar fue nombrado Parque Regional en 1984 y ocupa un área de 90 km².  Tiene muchos usos recreativos: senderismo, bici de montaña, rutas a caballo, orientación, pesca, golf y la pista artificial de esquí de Hillend Ski Centre.  La verdad que es de lujo tener una reserva natural como esta tan cerca de la ciudad, y es que Edimburgo está en un entorno privilegiado.

Cogimos el autobus número 11 en Bruntsfield a eso de las 10:30 de la mañana. Preguntamos al conductor si podía avisarnos al llegar al centro de visitantes pero nos dijo que no tenía ni idea de donde estaba. Decidimos bajarnos en un sitio que él nos sugirió para coger el autobús número 15. Este nos dejó en Hillend Ski Centre pero el centro de visitantes quedaba como a 6 km de allí siguiendo la carretera y no había autobuses. La verdad que aquello nos dejó bastante chafadas y lo que no entendíamos era por qué en la web del parque decía que los autobuses 11 y 15 llegaban hasta el centro de visitantes.

Aprovechamos para visitar Hillend Ski Centre, una de las estaciones de esquí que podéis encontrar en Escocia y la más cercana a Edimburgo. Había carteles que mencionaban que era la pista artificial más larga de Europa. Al parecer aquí entrenan esquiadores olímpicos escoceses.
Nos acercamos para verla y vimos que algunos esquiadores estaban haciendo uso de ella. No había nada de nieve pero no hacía falta porque los materiales que se usan en este tipo de pistas de esquí imitan los atributos de la nieve. Los materiales pueden ser tipo cepillo o más recientemente unos que tienen lubricación (usando una neblina de agua) y amortiguan la caída como Snowflex (esto es lo que tienen aquí). Hay dos pistas principales: una de 320 m de longitud y otra de 450 m de longitud.

Estas pistas de esquí son muy frecuentes en países como Reino Unido y Países Bajos (qué casualidad, los dos países donde he estado este año). Sin embargo en Escocia hay otras pistas de esquí con nieve, por si alguna vez os venís a esquiar aquí pero no os gustas las pistas de esquí artificial. Si visitáis la web de Ski-Scotland podéis ver la información de estas pistas.

Además de las fotos que aquí veis de la pista, también hice fotos del centro de esquí. En la recepción entré para pedir información pero sólo me dieron una lista de precios. Para que os hagáis una idea, por si alguna vez tenéis interés en esquiar aquí, la primera hora en la pista principal para un adulto cuesta 12 libras, y cada hora adicional 5.30. Un ticket para una semana cuesta 68 libras. También podéis alquilar equipo y recibir clases. Para más información podéis visitar la web de Midlothian Snowsports Centre.
Tras la visita a la estación de esquí, decidimos intentar caminar hasta el centro de visitantes de Flotterstone. Mis compañeras decían que 6 km nos llevarían media hora, pero yo les dije que sería más, y efectivamente fue algo más de una hora. Se nos hizo larguísimo y pesadísimo, más que nada porque la carretera por la que íbamos era muy transitada y ruidosa. Más de una vez estuvimos a punto de abandonar, pero yo insistía en seguir un poco más, y al final así terminamos llegando. Eso sí, os puedo asegurar que cuando llegamos al centro de visitantes yo tenía dolor de cabeza de tanto ruido de coches y un cansancio terrible.

El centro estaba abierto y había muchos folletos con información, pero no había nadie. Había un cartel que decía que se habían trasladado las oficinas del parque a una nueva dirección, en Braid Road. Giorgia (mi compañera italiana) y yo nos miramos a punto de gritar. Aquella era la dirección que venía en la web y allí sí iban los autobuses 11 y 15. De hecho cuando nos bajamos del 11 estábamos ya en esta carretera. El conductor de autobús no lo sabía y la gente que a la que preguntamos en la estación de esquí tampoco, pues nos indicaron ir a este centro de visitantes que ya no estaba en uso. (La foto del centro la hice antes de irnos, por eso está tan oscura).
Estaba bastante cabreada como podéis imaginar, y es que la gente que trabaja por la zona debería estar más informada. Decidí no pensarlo más y ponerme a comer. Después de recuperar fuerzas, ya estábamos más animadas para intentar hacer alguna ruta por la zona. Eran casi las 2 de la tarde y nos quedaba aproximadamente hora y media de luz, así que no teníamos tiempo que perder. Lo bueno de haber llegado hasta allí es que podíamos hacer una de las rutas más bonitas del parque: Glencorse View, ruta de 4.5 km que llevaba hasta el embalse de Glencorse y a una zona elevada con las mejores vistas del valle. Unas señales con una garza pintada marcaban el camino que era bastante fácil de seguir. La razón de la señal de la garza es porque es fácil ver garzas en esta zona.

Nos pusimos en marcha y ya desde el primer momento comenzamos a disfrutar de unos paisajes llenos de encanto. La neblina que acompañaba a aquel día le daba un aire misterioso y la verdad que a mi parecer combinaba muy bien con aquel paisaje, típico escocés.
Me di cuenta de que no iba a guardar la cámara ni un momento durante porque había muchos sitios preciosos para fotografiar.

Llegamos a esta parte del río y allí oímos el sonido de una cascada. Seguimos el curso del río hasta llegar a ella. El paisaje que allí nos encontramos nos sobrecogió.

Continuamos la ruta ascendiendo por un sendero que estaba entre un pinar. Al final del sendero había una puerta, de las que se suelen encontrar a menudo cuando haces una ruta por Escocia (la ley permite entrar a todos los senderistas aunque sean tierras privadas, pero siempre con control).

Seguimos por un camino asfaltado hastsa el embalse, Glencorse Reservoir, que estaba rodeado por un muro de piedra y había carteles que advertían no acercarse por seguridad.

Nos saltamos el muro que era bastante bajito para acercarnos a él. Las tranquilas aguas reflejaban de forma perfecta las montañas y bosques que lo rodeaban. No pude evitar acordarme de Canadá y todas las fotos que tomé de muchos de sus lagos con reflejos similares.

Nos hicimos una foto con el disparador automático que tengo que decir que nos costó lo suyo hasta conseguirla como queríamos. Estas son mis compañeras de los largos días de estudio: Giorgia, italiana, y Linda, francesa. Gracias a ellas no se me hacen tan pesados los fines de semana encerradas en la sala de ordenadores del campus de Merchiston.
Después llegamos a una parte del sendero junto a un bosque que ascendía hasta Castlelaw y desde allí podíamos contemplar las espectaculares vistas del valle y el embalse.

Se supone que podíamos continuar la ruta desde allí hasta Flotterstone (es una ruta circular) pero ya no faltaba mucho para que oscureciera y no estábamos seguras de cuánto nos llevaría aquello. Por suerte nos encontramos con un señor que conocía la zona y nos dijo que iba a ser más largo hacer aquello que volver por el mismo camino, y que seguro nos iba oscurecer antes de llegar. Decidimos entonces volver por el mismo camino después de ver la vista porque muchas ganas de pasar allí la noche no teníamos, la verdad. Habrá que volver otro día para hacer la ruta completa.

Si queréis más información sobre el parque, os recomiendo que visitéis la web: Pentland Hills Regional Park.

Si queréis ver un mapa de esta reserva natural, os recomiendo que hagáis click en este enlace que os llevará a una página de la web del parque donde os lo podéis descargar. Mapa de las Pentland

Al regresar al centro de visitantes ya era casi de noche (y no eran aún ni las 4 de la tarde, para que os hagáis una idea).
El autobús 100 que iba a Edimburgo pasaba por allí cerca a las 4, pero vimos a un señor que iba a por su coche en el parking y yo decidí preguntarle si iba a Edimburgo. Mis amigas estaban muy sorprendidas por mi atrevimiento, pero es que esta táctica la he utilizado muchas veces en mis viajes (cosas que una aprende cuando viaja sola y sin coche). Amablemente se ofreció a llevarnos, lo cual no sólo estuvo bien porque pudimos evitarnos pagar el autobús, sino por toda la información que este señor escocés compartió con nosotras sobre el parque. Nos dijo que hay ruinas prehistóricas y medievales, y una calzada romana, además de muchos lagos, colinas, bosques, y multitud de rutas que llevan a todos estos sitios. Nos dijo que perfectamente podíamos emplear un año visitando todos el parque. Nos recomendó una guía sobre las Pentlands muy completa de la que podéis ver una parte en internet: Cicerone guide of The Pentlands Hills.

El señor nos contó que había trabajado en nuestra universidad, Edinburgh Napier University, durante 25 años, enseñando informática. Con razón que le entendiéramos tan bien a pesar de ser escocés. No sólo nos habló de las Pentlands, también nos dio toda una lección de historia escocesa, en concreto de la época en la que los romanos estuvieron aquí y su relación con las tribus celtas. Me pareció tan interesante que he pensado que tengo que escribir un post sobre la historia de Escocia (el año que viene ya). Sin duda fue un acierto preguntarle al señor si nos podía llevar a Edimburgo, y es que una vez más tengo que decir que no hay nada mejor que conocer a la gente local cuando viajas. Nos dejó muy cerca de mi casa, y allí nos despedimos de este señor tan amable. Invité a las chicas a tomar un té con muffins de blueberry (las mejores) en casa para finalizar la jornada de campo que habíamos tenido y relajarnos. Esta excursión había sido sólo un aperitivo pero hay mucho más por descubrir en este paraíso natural tan cercano a Edimburgo. Volveremos allí para hacer más rutas en primavera y desde luego que escribiré otro post sobre ello.

Voy a dar muchas gracias a Ricardo Hougham Guerrero por las fotografias de este articulo

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